jueves, mayo 29, 2008

VISITA AL CEMENTERIO DE SAN RAFAEL


CARA AL SOL, VISITA AL CEMENTERIO DE SAN RAFAEL (MÁLAGA)

Cara al sol, con la camisa nueva, que tú bordaste rojo ayer....Así comienza un conocido himno, actualmente vitoreado por no pocos; ignorantes, arrogantes, imbéciles en su mayoría. Sin bastón (in-báculo) así caminan estos petimetres, sin conocimiento de lo sucedido verdaderamente en el no tan lejano pasado de nuestro país. Un pasado al que ellos cantan con cancioneta y laureles, con nostalgia y acento reaccionario, pero que esconde a veces una realidad mas cruda y también mas cercana
Con la camisa nueva, de esta forma cantaban los fascistas españoles la llegada de un nuevo día, la avenida de una nueva aurora de corte nietzscheana que iluminaría la oscura sociedad española. Un amanecer que ellos empezaron a proclamar a inicios de los años treinta y que culminaría con una larga dictadura que se extendería cuarenta años, hasta la caída de su mesías Francisco Franco. Una nueva era, que tras enfrentar a hermano contra hermano en una guerra fratricida, cainita y maniquea, forjo sus cimientos sobre una multitud ingente de cadáveres, pistolas, miedo y fosas comunes.
Fosas como las del cementerio de San Rafael, situado en el camino con el mismo nombre y que se encuentra aquí, en Málaga. Allí mismo; apilados; cubiertos de tierra y cal y desconocidos para la historia reciente se recuentan mas de 5.000 cadáveres sin nombre. Malagueños y malagueñas, cuyo error fue no ver con claridad ese “nuevo día” que intentaban imponer algunos con sus antorchas ideológicas, en medio de la tenebrosa noche que supusieron para España los años treinta. Malagueños y malagueñas que fueron recluidos contra su voluntad, por una multitud de sin razones, por denuncias absurdas, por odios vecinales,...incluso por miradas furtivas. La mayoría de los asesinados, todo hay que decirlo, pasaron sus últimos momentos en la antigua cárcel situada en la Avenida Ortga y gasset, en el muy nuestro barrio de La Unión.
Otras camisas, las de los asesinados en fusilamientos tras juicios sumarísimos, también aparecen ahora, tras ser desenterrados por los afanados arqueólogos, cara al sol. Un sol de primavera que baña su osamenta anónima, que no iluminó el futuro que la vida que le esperaba en aquellos años treinta (la mayoría fueron fusilados en 1937, tras la toma de la ciudad por el Bando Nacional). Cadáveres sin nombre que no han podido descansar aún; hombres, mujeres y niños; padres, madres, hermanos,...5.000 familias rotas y doloridas que aún lloran a sus muertos en este rincón olvidado de Málaga.
¿Historias? cinco mil, más aún. Niños y niñas a los que les arrancan a su papá, madres viudas, padres y madres que sobreviven a sus hijos, romances rotos, proyectos aniquilados, muerte. Casos extremos como el de una fusilada embarazada que ahogada en silencio tuvo que aceptar este macabro destino u hombres que morían antes de llegar al paredón vociferando el nombre de sus seres queridos, ¿Quién sabe cuántos más?. Sus nombres no aparecen en monumentos, no aparecen en ninguna calle, ni en estatuas o edificios públicos. Sus nombres, como los de aquella España acallada, quedaron silenciados para siempre en los muros del cementerio de San Rafael.
Mientras todos dormían, con nocturnidad y alevosía, tras un macabro “paseíllo” desde la cercana cárcel, al alba, un día sí y otro también, mientras la noche aún dominaba en el cielo malacitano, todos estos malagueños y malagueñas eran asesinados. Ante un paredón o un agujero siniestro, pozo de eternidad, la luna nueva sería la encargada de iluminar sus rostros por última vez, antes de poder ver siquiera la nueva aurora, antes de oír la mortal descarga, antes quizás de oír un fuerte grito: ¡¡Viva la República!!

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